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Cómo la crisis de salud ha moralizado mi consumo de productos tecnológicos

Cómo la crisis de salud ha moralizado mi consumo de productos tecnológicos

En una serie lanzada por mi colega Ben la semana pasada, NextPit intenta resaltar lo positivo en esta nueva realidad más tan nueva en el mundo posterior. Ben explicó cómo el cambio al teletrabajo y el confinamiento podría cambiar positivamente nuestras relaciones humanas al hacernos más conocedores de la tecnología mediante el uso de herramientas digitales.

En cuanto a mí, y de forma bastante contraria a la intuición, la crisis de la salud tuvo un impacto positivo en mis hábitos de consumo de productos tecnológicos. Intentaré explicar cómo estos efectos podrían extenderse a la industria tecnológica de manera más general.

Compro menos productos tecnol√≥gicos …

Obviamente, cerrar la economía, poner a los empleados en trabajos de jornada reducida, cortar la actividad de los empresarios autónomos y las empresas independientes ha tenido efectos económicos negativos, no solo en el mundo de la tecnología. No se necesita un periodista de tecnología para tenga en cuenta esto.

Pero tambi√©n me di cuenta de que, a pesar de mi irresponsabilidad financiera, me he vuelto mucho m√°s callado cuando se trata de comprar nuevos productos tecnol√≥gicos. S√≠ s√≠, ya siento el descaro de algunos detractores en los comentarios convencidos de que como periodista tecnol√≥gico, seguro que tengo 5 smartphones a 1000 euros en casa, una pantalla 4K de 127 pulgadas, tres PS5 y una PC gaming con una GeForce RTX 3090 tarjeta gr√°fica en mi Penthouse en el centro de Berl√≠n. Pero se equivocan, no tengo Penthouse, vivo en un compa√Īero de cuarto.

Más en serio, realmente tengo la sensación de que mis hábitos de consumo se han racionalizado. Que tomé más en cuenta mis necesidades que mis deseos de compra o renovación de equipos tecnológicos. Un cambio hacia una lógica utilitaria del acto de compra que, en primer lugar, está impulsada por imperativos económicos, por supuesto.

No s√© qu√© se har√° ma√Īana, tengo que ahorrar en caso de un duro golpe, sobre todo en un mercado laboral tan vol√°til y tan saturado como el de la prensa especializada. Nada nuevo, no soy el √ļnico en este caso. La semana pasada, recib√≠ un comunicado de prensa para un estudio del instituto de encuestas Yougov, encargado por el comparador de precios Le D√©nicheur, sobre los impactos de la contenci√≥n para el Black Friday 2020.

Seg√ļn este estudio, algo m√°s de la mitad de los encuestados estim√≥ que la crisis de salud tuvo un impacto en su forma de consumir en general (54%). En el caso de los j√≥venes de 18 a 24 a√Īos (tengo 27 pero vamos), el 40% dice haber revisado su forma de consumir para preservar su presupuesto y el 13% por motivos medioambientales.

Pero creo que va más allá. Estoy profundamente convencido de que este miedo a perder mi comodidad en la vida, esta relativa estabilidad de mi primer CDI en medio de una crisis de salud ha creado un detonante en mí.

… pero compro mejor

No solo compro menos para preservar mi presupuesto, sino que tambi√©n creo que soy menos esclavo del chantaje a la novedad alimentado por la obsolescencia del marketing que mantienen los fabricantes. Ya sabes, esta t√©cnica que te convence de que el excelente tel√©fono inteligente que compraste en marzo es un ladrillo in√ļtil en comparaci√≥n con su sucesor lanzado tres meses despu√©s.

Un chantaje que funcion√≥ a√ļn m√°s cuando comenc√© a trabajar en la prensa tecnol√≥gica. Cada semana, recibo un juguete nuevo. Un smartphone ultrapotente, el fot√≥fono de gama alta m√°s reciente, y lo uso a diario como si me perteneciera.

Y no me importa si tengo que devolverlo al final de mi prueba (a excepción del Samsung Galaxy Z Fold 2, que echo de menos) ya que sé con certeza que tendré uno nuevo justo después. Excepto estos productos, los obtengo gratis. Si tuviera que pagarlos de mi bolsillo, mi colección fugaz de productos tecnológicos geniales se vería seriamente afectada.

Configuración de la oficina en casa de Antoine Esta foto de mi "configuración" tomada en marzo de 2020 es la esencia de los productos tecnológicos que llevé a Berlín desde París cuando me uní a NextPit. Estamos muy lejos del Penthouse. / © NextPit

Sin embargo, en mi vida personal fuera del equipo editorial, también tenía la tendencia a estar atento a cada novedad, a preordenar cada nueva consola de próxima generación o a revender mi smartphone tres meses después de haberlo comprado para poder conseguirlo. de su sucesor, necesariamente mejor por ser más reciente.

Pero desde el primer encierro, he revisado seriamente el orden de mis prioridades. No me apresuré a reservar la PS5, sabiendo muy bien que las existencias, reducidas voluntariamente por Sony, no me permitirían recibirla antes de 2021.

No compr√© el OnePlus 8 / Pro o el OnePlus 8T a pesar de no haber perdido ning√ļn lanzamiento desde mi primer OnePlus 5T, simplemente porque mi OnePlus 7T actual todav√≠a realiza sus funciones a la perfecci√≥n. En lugar de comprar un monitor Oled de 240Hz para optimizar mi configuraci√≥n de teletrabajo, opt√© por una pantalla LCD Samsung de 60Hz (¬°pero curva, por favor!).

No voy a alterar su visión del mundo con esta retroalimentación, que no es ni trascendente ni original. Pero, y es una sensación muy tonta, me siento muy orgulloso de haber recuperado algo parecido al control sobre mi consumismo.

¬ŅHacia una moralizaci√≥n del mercado tecnol√≥gico?

Cualquiera con conocimientos básicos de economía sabe que el capitalismo se basa en la autorregulación del libre mercado. La mano invisible cuyos dedos son las tendencias macroeconómicas generadas, a la manera de la teoría del caos, por el batir de alas de las mariposas que somos, somos homo economicus.

S√≠, digo que s√≠ porque no soy economista, la tendencia hacia un consumo m√°s restringido se est√° generalizando lo suficiente, ¬Ņno podr√≠amos verlo como un signo de autorregulaci√≥n en el mercado tecnol√≥gico? ¬ŅUn mercado moralizado por una demanda m√°s racional de productos tecnol√≥gicos?

Si, como yo o como algunos de ustedes, los consumidores compran menos productos tecnol√≥gicos y adoptan una l√≥gica m√°s utilitaria, ¬Ņno podr√≠an los fabricantes verse "obligados" a abandonar gradualmente su l√≥gica de marketing basada en la obsolescencia, la inmediatez y la renovaci√≥n constante?

Lo sé, sueno tonto e ingenuo con mi visión encantada del comportamiento humano y sus efectos en la economía de mercado. Pero está claro que los fabricantes, particularmente en la industria tecnológica, tienen en cuenta los cambios en la demanda. La evolución de las expectativas de sus clientes potenciales, los más buscados, pero también los que ya no merece la pena seguir.

No soy un tonto total. Soy muy consciente de que el beneficio siempre prevalecerá sobre los intereses de los consumidores. Y que una moralización de un mercado, no inmoral sino amoral, es muy, muy poco probable. Solo quiero recalcar que los fabricantes conocen las tendencias y los criterios de compra de los consumidores y los tienen en cuenta.

Una entrevista con Madhav Sheth, CEO de Realme Europe, que muy pocos de ustedes han le√≠do, me consuela en este ensue√Īo ut√≥pico. No es casualidad que Realme, el fabricante del cat√°logo de tel√©fonos inteligentes m√°s prol√≠fico en 2020, haya decidido revisar su ritmo a la baja para centrarse en menos modelos, pero modelos m√°s completos.

As√≠ que no estoy hablando de vender menos unidades, num√©ricamente. Pero menos declinar√≠a su cat√°logo con las versiones Pro, Max, Giga, Ultra, Lite cada dos meses. O para ofrecer cuatro o incluso cinco a√Īos de actualizaciones de Android en lugar de dos o tres.

Entonces me digo que si compro menos y mejor, no es imposible que los fabricantes tambi√©n vendan menos y mejor, ¬Ņno?

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